jueves, 28 de febrero de 2008

EPISTOLAS GANADORAS










CARTA A MI TIERRA, remitente: PILAR.







CARTA A MI PERRO, remite: Mª ANGELES.

miércoles, 20 de febrero de 2008

E-MAIL A UN "EX"-LUIS

Mariano:
Aprovecho diez minutos que voy a tener "libres" y que en este hotel tienen un PC con Internet en la "suite" en la que estoy. Aunque no es lo mejor, lo mejor es el balcón con vistas a la playa..., es una pena que no puedas ver la luna reflejada en el mar, aunque no estoy muy segura de que te fuera a provocar algún sentimiento especial. Te deseo que sigas bien y que te vaya, por lo menos, igual que a mí. Ahora estoy esperando a que mi "amigo" se duche, (no te lo vas acreer, pero lo hace siempre antes de irse a la cama, y se lava los dientes, y se quita los calcetines, haga o no haga frío, y huele muy suavemente a colonia, muy poco, aclaro... Aunque no te lo tomes como una indirecta, tú siempre estabas muy cansado y dejabas la ducha para el día siguiente, o el siguiente del siguiente, y lo de los calcetines era, según decías, porque tu madre te dijo de pequeño que no debías coger frío en los pies). Dentro de cinco minutos él se acercará, me besará los párpados, luego el cuello y los hombros (recuerdo que tu obsesión por besar, muy de tarde en tarde, se reducía a un solo lugar, aunque yo prefiriera otros "comienzos")..., se detendrá y me preguntará que si necesito algo, yo le diré que no, que le necesito a él, (es cursi, lo sé Mariano, pero se lo merece), y entonces seguirá con sus caricias... Igual vemos amanecer juntos; y no se me hace largo, no, más interminables eran los treinta o cuarenta segundos quetú "durabas". Ah, y me susurrará las palabras exactas que yo quiero oír en cada uno de los momentos, desde las más amorosas hasta las más procaces.... Y, al final, acabaremos charlando sobre nosotros, (yo hablaré más que él, ya me conoces, ¿me conoces?, y él me escuchará, como si lo que yo dijera fuera lo más importante de su vida en ese instante). Ha cerrado la ducha, Mariano..., le doy a "Enter", envío el mail y apago esto, te dejo... Sólo quiero que sepas que no te he olvidado del todo, ya ves: hasta en los momentos más felices me acuerdo de ti. Siempre "ex-tuya"

Carmiña.

A MI PERRO-Mª´ÁNGELES

Mi Queridísimo Perro:
Sí, ya sé que nunca te puse nombre pero, ¿qué mejor apelativo que Perro haciendo honor a tu raza? A mí me encanta, como me gusta los mosqueos que te coges cuando te imito. Quieres ser único, haciendo lo propio de ti y te molesta que alguien venga a hacerte umbría. ¿Cómo te voy a hacer sombra? Por muy cerca, a lo máximo que llego es a mear en los árboles y eso no me lo puedes quitar, es mi forma de revelarme ante el mundo. Ya, no me lo digas, sé que con poco me conformo, pero me divierte y no hago daño. Llevamos muchos años juntos y sabes que no aspiro a nada. Desde que se fue Clarita de este mundo, se me paró el reloj y, si no llega a ser por ti, ahora no te estaría escribiendo; me hubiera muerto de pena en nuestro sillón favorito, pero tú no me dejaste.
Parece mentira que un animal de cuatro patas haya logrado atarme a este mundo y, ya ves, tú lo has logrado con esa cara de órdago que pones al mirarme y tus babas y tu caída de ojos, o cuando me lames las lágrimas furtivas que se me escapan. También me gustan tus silencios, o un guau a tiempo cuando la noche me aterra. Nuestros paseos bajo la lluvia, nuestros días de sol compartido…
Sí, fuiste un buen regalo. Te he de confesar que yo no iba a ser tu dueño sino Pedrito, mi nieto mayor, pero él no dejó de llorar hasta que desapareciste de su vista. Ya ves, te tenía miedo con la cara de alucinado que tienes; de verdad, no lo entiendo… Y, como no sabían qué hacer contigo, pensaron en el abuelo, hombre para todo y olvidado por todos. Y me alegro, me alegro que esa vez se acordaran de mí para algo bueno, aunque ellos no supieran el favor que me estaban haciendo.
Y así, Perro, han pasado los años. Nos hemos hecho viejos juntos, mucho, tanto que hemos dejado de pasear, a lo más que llegamos es al árbol de la esquina. Perro, nos salen goteras por todas partes.
El fulano que ha venido antes, es un veterinario; no podía llevarte hasta la consulta y mis hijos están demasiado ocupados para ayudarme. Me ha dicho lo que yo ya sabía: que estás viejo y que es una lástima que te deje sufrir para nada. Lo quería hacer el mismo, ya sabes, ponerte la inyección para que duermas para siempre. Tranquilo, le he dicho que te la pondrá tu amo.
Seguro que vas a un lugar hermoso, un parque lleno de árboles, pájaros para que los puedas espantar a placer. Incluso habrá muchas perritas para que descargues tu energía.
He pensado que, ya que nos hemos sido fieles y que yo ya no pinto nada en este mundo, nadie me va a echar de menos, no nos engañemos, pues que me voy contigo. ¿A qué te parece bien? Lo sabía, amigo mío.
¿Ves? Es una inyección pequeña para ti y, para mí, he preparado un Dry Martíni de pastillas; todas las que he encontrado, espero que no sepa muy mal. Cerraremos los ojos juntos. Tú mirándome con cara de payaso y yo, mirándote, también, con el rostro lleno de agradecimiento por todo lo que hiciste por mí.
¡Hasta siempre Perro!
MªÁngeles Cantalapiedra

lunes, 18 de febrero de 2008

CAMBIO SEXUAL-AMARALIS

Carlos Gutiérrez

Quality ControllerBristol Mayers Co.

San Juan, Puerto Rico

Querido compañero Carlos,Te extrañará que te escriba, pues siempre nos comunicamos porteléfono. Lo que sucede es que llevo noches desvelado buscando lasrazones a unos sentimientos inexplicables que he experimentando enlas dos últimas reuniones generales de la Compañía.Siempre me das ese abrazo fraternal de amigos que hemos sido por másde veinte años en Bristol. Y mientras me hablas de tu laboratorio, dela producción, de la calidad de los productos que estas embasando. Ymientras tanto yo quedo con ese cosquilleo por todo el cuerpoproducto de tu abrazo. No puedo dejar de desear que me sigasabrazando. Un gusto raro me sube por las piernas y casi siento que mevoy a desmayar.Yo siempre he sido muy hombre, me casé enamorado, engendré dos hijoscon todo el gusto que un macho en la acción correcta sabe engendrar,y mi mujer nunca se ha quejado de que la desatendiera en susurgencias cada vez que se me aproximaba sensual en el lecho.Los otros días tuvimos una tertulia de amigos y entre copa y copa,surgió el tema de la homosexualidad. Se comentaba que a muchoshombres a los cincuenta le surgen cambios hormonales y se lesatraviesa el sexo. Te juro que me dio un corrientazo de frío por elcuerpo al recordar los espasmos que he sentido por ti cada vez que medas esos abrazos varoniles frene a todos al llegar a las reuniones detrabajo.No sé como explicarme esto, pero llevo varias noches sin dormirsufriendo en secreto esta atracción tan fuerte que estoy sufriendopor ti.Perdóname amigo, pero no podía dejar de decírtelo y pedirte, porfavor, que el próximo jueves, hasta donde puedas, evita el abrazo, nolo pido por mí, sino por los niños.
Juan Carrasco.
Production Manager

PARA ANA EL DIA DE SAN VALENTIN-ATHO-

Querida Ana:
Quiero guirnaldas de besos entre tus dedos para que me los devuelvas cuando acaricias mi cuerpo con tus manos de alondra. Que tus ojos, paisajes de olivos y almendros, fértiles en sueños y misterios orientales, no dejen de mirarme.
Quiero estar a tu lado, único lugar donde el mundo carece de sombras. Bañarme en tu risa, donde un millón de cosquillas hacen tiritar de alegría. Que me estreches entre tus pechos que huelen a mies recién cortada.
Quiero por almohada tu vientre de luna, ternura y espuma blanca, para que mis sienes, preñadas de madrugadas soñadas, alumbren pensamientos de calma. Si tu lámpara de amor proyecta sobre los rincones de mi alma, la esperanza de la pequeña muerte, quiero morir hasta el alba.
Quiero ir contigo donde vayas. Si el destino te lleva a las estrellas antes que a mí, espérame donde van los sueños, a ese lugar remoto donde no se vuelve jamás, al otro lado del laberinto que existe en los confines de la soledad, allí nos transformaremos en un eterno silencio de amor. Mis pasos estarán siempre tras ese instante donde no se sabe si es el amor con su locura, que da un miedo terrible, o la pasión, conjuro de todas las magias, atormenta conocer la verdad de lo sentimientos.
Mientras se anda hacia el final, la gloria de poder volver a amar al otro lado, cierra las puertas a la desesperación.
Con cariño:
PEPE

MI COCINA ESCRIBE CARTAS-CATI-

Buenos Aires, 17 de febrero de 2008
Querida Ángeles:

Soy la cocina de Cati, a la que has tenido la deferencia de visitaren tu paso por nuestra amada Ciudad de Buenos Aires. Me dirijo avos, a pesar de que no es costumbre habitual en nosotras, lascocinas domésticas, dedicarnos al género epistolar; pero quierohacerlo para hacerte llegar mi regocijo por haberte albergado entremis paredes, aunque sólo haya sido por el brevísimo período de unahora.Debo confesarte que mis azulejos amarillos temblaban un poquitoantes de tu llegada, mientras Cati preparaba los bizcochitos y eldulce de leche para recibirte "a la criolla". Sólo yo sé cuántasmañanas ella viene a mí desde su computadora, y te tiene presente encada matecito, cuando sonríe con tus Lolas o llora contus "miniaturas". Sólo yo sé cuántas veces se ha preocupado por tussilencios o regocijado con tus alegrías, como el día en que teleyeron en la radio, por ejemplo, ¿recordás?Yo la contemplo, durante esos amaneceres, en respetuoso silencio ylo mismo hacen los muebles, la lámpara amarilla que me ilumina porla noche y la heladera, que entre nosotras, es la más vanidosa detodos los que me pueblan porque se jacta de su diseño moderno, quecontrasta con los cuarenta años que he vivido yo acompañando a Catiy su familia. Y…hablando de heladera…no sabés cuántas veces mi amala ha abierto, imaginando que era la puerta del avión que lallevaría a tu ciudad…ésa, con la que tanto sueña, como puerta parasu tan ansiada islita mediterránea. Y yo pienso: ¿por qué no, algúndía…?¿Caíste en la cuenta de que nos visitaste el Día de San Valentín,querida "galleguita"? Nada más lógico. De vos han quedado enamoradoshasta los repasadores y el mantel.Los primeros, que más de una vez enjugaron, desubicadamente, unainoportuna lágrima de nuestra dueña, se prendaron de tu blusa, yahora están haciéndole un piquete a Cati porque quieren que lospinten a lunares. Otro planteo semejante ha hecho el mantel acuadros verdiblancos, que ha presentado un manifiesto para obteneruna modernización, y estar a la altura de las visitas del ViejoContinente cuando regresen. Porque yo sé (todas las cocinashogareñas tenemos algo de brujas) que pronto regresarás a pasar másde una hora conversando por estos pagos del Barrio Cafferata y, conun poco de suerte, beberás agua de la Fuente de los Sapitos delParque Chacabuco.Soy "cotilla", como vos decís, pero quiero contarte que mi dueña hasido muy feliz al abrazarte, al decir greguerías sobre tu mirada yal recibir de vos lo que supiste brindarle sin tapujos: tu amistad ytu sencillo corazón.Aquí te esperaremos, Ángeles. El balcón de los tejados rojos y yo,tu segura servidora…

La Cocina de Cati

AL BARRIO DE CAFETERA-MªANGELES





Hola…
Permíteme el descaro de dirigirme a ti sin apenas conocernos, pero es que no he podido despegar de mi memoria tu imagen. Y, por otra parte, dejar sentimientos en el tintero, mudos, sellados, no soy partidario de ello. Me agrada comunicarme con mi entorno, más, cuando soy un viajero pasional que trato de ver más allá de lo que mi retina me transmite. Los museos, los edificios…, son testigos silenciosos del discurrir de una nación, su huella de identidad, es cierto, pero su sello real es otro al que hay que buscar en sus entrañas.
Me guío por los cinco sentidos y, cuando me recojo a mis interiores, es como si me impregnara de aromas, sonidos y la piel sintiera el tacto de tierras extrañas.
Llegué a ti una mañana recién nacida. El cielo acaba de despertar, estaba raso y la temperatura no podía ser más agradable. Según me llevaba el taxi por tus calles, me fui adentrado en tu sabor, embocadura regia de quien se sabe qué es. A cada cuadra que pasaba iba descubriendo tu belleza humilde y reposada. Tus gentes caminaban hacia un horizonte donde el bullicio es ley de vida en una ciudad tan inmensa como es la tuya, Cafetera. Las tiendecillas: peluquerías, fruterías… reposaban en la paz de un silencio, hecho a medida de sus inquilinos.
Me hiciste sentir que caminaba sobre los mundos de mi amigo al que iba a visitar. Palpé la cotidianeidad, la intimidad, el transcurrir los ríos de una vida muy querida para mí. No pudiste ser mejor anfitrión porque en ningún momento me hiciste sentir intruso, ni siquiera inmigrante, sino un elemento más de tu paisaje en el que cada día escribes tu historia personal.
Cuando subí al ático de tu alma y pude observar tus confines, llené los pulmones de ti y mis ojos se emborracharon de la luz que me transmitías.
Sí, recuerdo que me decías, que no eras nada especial, que estabas entre las lindes de la pobreza y de otros barrios más "paquetos", que tú eras… Déjame decirte Cafetera, que algo conozco de estos mundos, que eres hermoso por la sencillez que emanas, por la dignidad que transmites, por ser tal cual eres, sin empaque ni disfraces.
Deseo tener una próxima oportunidad y poder perderme por tu parque Cachabuco y, desde aquí, mi agradecimiento más sincero porque pude navegar, aunque fueran breves instantes, por otra parte de Buenos Aires muy distinta a la que se ve en las guías turísticas y, te insisto, me dejaste impregnar del aroma en el que crece un amigo tan lejos y tan cerca de mi tierra.
¡Gracias cafetera! Hasta siempre, fue un placer compartir un mate contigo.
MªÁngeles Cantalapiedra

CARTA PERDIDA-GAVIOLA

Estoy perdida.
Alguien trazó un primer renglón con la palabra "querido", sin poner a continuación un nombre.
Alguien cerró la escasez de una segunda y última línea con un apresurado abrazo preñado de ternura, sin acabar de dibujar el cuerpo en que tenía que detenerse.
Alguien me enterró de por vida en un sobre, sin poner dirección en él.
Alguien dejó el sobre olvidado sobre un escritorio, en una casa donde el silencio y el polvo sobre los muebles desvencijados hablan de abandonos y de desidia inmemoriales.
Alguien se olvidó de mí cuando quizá, en la distancia, otro alguien anhelaba y sigue anhelando lo que nunca ha de llegar.
Y yo, en mi abandono, sigo repitiendo "querido", "querido", "querido", presintiendo en mi triste boca de papel el nombre que debería estar escrito, y sin poder pronunciarlo. Yo no tengo palabras si alguien no me las quiere prestar, siquiera sea por un segundo. Soy una pobre carta indigente, esclava de unas manos que se rindieron sobre un regazo inútil.
Ser una carta abandonada entre dos líneas -principio sin principio, y fin fatalmente cierto- es aún más triste que la propia tristeza.
Es como un niño de amor que no llegó a nacer.
El amor no debiera abortarse entre torpes asepsias inmemoriales.
Las cartas de amor no debieran quedarse injustamente inéditas. Porque no hay mayor crimen que el disparar al aire, con los ojos cegados por las lágrimas, para cortar el vuelo a una insegura paloma mensajera.
Estoy perdida.
Gaviola en Marineda. En un 14 de Febrero de 2008

miércoles, 13 de febrero de 2008

IMPOTENCIA-ISAMAR

Jesús Quintero (periodista andaluz)

Querido Jesús:
Hoy es una mañana igual que otra, un día más de rutina; me levanto a las 7, desayuno, me aseo, ordeno un poco la casa y me voy para la oficina.Viniendo en el coche pensé en escribirte estas líneas, ya que no se me ocurre otra forma de llegar a ti. ¿Sabes?, yo al igual que tú también tengo corazón de poeta, pero todavía no he conseguido atrapar a ese duende congénito que vive enamorado de tu voz. Les escribo al amor, al desamor, a Sevilla, a mis hijos y a todo lo que quiero, también a lo que odio. Precisamente de esto último es de lo que quiero hacerte llegar mi más enérgica condena, se trata del maltrato hacia las mujeres. No hay un día de respiro sin salvajadas, sin que esta atrocidad se remedie. Nadie pudo evitar que ese niño quedara huérfano, sin el calor de su madre. Nadie impide que unos padres lloren amargamente la ausencia de su hija vilmente asesinada, y todo sigue igual que ayer, que hoy ó que mañana; un día más de crueldad que mancha el calendario con el rojo de la sangre. Hace poco oí en algún medio comunicativo que los maltratadores iban a llevar alguna identificación, tal vez alguna chapa como la que llevan los perros, pero a mi se me ocurre algo mejor. Deberían ser marcados a fuego cómo las reses; en la frente una gran M de machista. Estoy segura que cuando apareciera el primero marcado, todo esto cambiaría de una vez por todas. Claro que yo no haría distinciones de maltratadores físicos ó psíquicos, pues estos últimos destrozan también el alma, pasan por lavida cómo buenas personas, educadas, trabajadoras, pero en sus casas "donde nadie los ve", igual que la letra de una canción de Alejandro Sanz, activan al demonio que llevan dentro. Por último Jesús, te diría que sería extraordinario fundar una Asociación para descubrir a maltratadores, marcarlos y mostrarlos a la luz pública, a ver si así evitamos más muertes inocentes.
Un abrazo y hasta siempre.
Isamar.

MIS QUERIDAS PALABRAS-ROSA

Mis queridas Palabras,

Os escribo aun sabiendo que no obtendré respuesta, pero ya sabéis que la amistad, el amor, no ha de tener secretos y guardar rencores. Por eso comparto con vosotras la inquietud de estas horas pasadas.

¿Qué os ha ocurrido esta mañana? ¿Por qué no habéis acudido a nuestra cita? Sabíais que era importante para mí teneros cerca siempre que encuentro en esa situación obligada. Pero esta mañana me he sentido sola sin vuestra presencia, sin vuestro alegre caminar por los espacios en blanco que acompañan mis silencios. Mi llamada atropellada y loca me dejó afónica y tal vez os quedasteis sin posibilidad de oírla.

Luego os he sentido diferentes y como bebidas, como si vinierais de un lugar opaco y descontrolado, sin orden, en tropel, casi disfrazadas de otras que casi desconocían mis dedos... Y he intentado salir de la situación con otras menos amadas, sin saber si erais vosotras imitando al Rey de Gallos con su ejército de retaguardia mal armado.

Y es que no acudíais cuando os llamaba con desesperación para liberar mi mente, y todo aquello que tan trabajosamente acumulé en los rincones que anuncian una futura senilitud, se han quedado como cemento hormigonado para una casa de papel.

Pero no os guardo rencor. No podría. Sois tan buenas compañeras de soledades y alegrías, que quizá lo de esta mañana me sirva para aprender. Tal vez, mi culpa haya sido no saber ponerle freno al griterío de mis nervios, yendo de aquí para allá, mientras obstruían el único camino por el que llegáis siempre que os necesito, y muchas veces sin avisar, sólo para disfrutar de un fondo donado, como hacen los grandes amigos.

Ya me despido, redescubriendo, como siempre que os escribo, que me escucháis en silencio, y sabiendo esta noche que posiblemente haya sido mi torpeza la que no os encontrara esta mañana. ¡Qué egoísta he sido con mis reproches primeros! Apelo a vuestra comprensión para que perdonéis esta verborrea nocturna.

Y decidles a esas otras palabras que han llegado en mi auxilio, que no se les quiebre el alma si con su buena fe no consiguen que la casa de papel sirva para salvarme de la tormenta futura.

Recibid mi amor de siempre, y no hagáis mucho caso de esta carta, creo sólo necesitaba saber que no os habéis marchado del todo.

Vuestra amiga,

Rosa

A UN SOBRE VACIO-SOCORRO

Querido:
Mientras que una mano de mujer hace que vayan creciendo sobre el satinado de mi piel palabras indecisas, renglones vacilantes, caricias ajenas imaginadas en la distancia, y traiciones antes presentidas y ahora confirmadas, yo sueño con tu eterno abrazo de papel, y me estremezco.
El destino de cualquier cuartilla debiera ser siempre un perderse en la oquedad amante de algún sobre vacío hasta morir juntos consumidos por el fuego redentor.
No es así.
He sido testigo de muertes inmaduras; cuartillas despedazadas hasta ser reducidas a pavesas muertas de frío; cuartilla mutiladas una y otra vez en mil pedazos, en un dolor de desgarros coléricos, con su contenido inédito y agónico hecho de desamor y de abandonos, muriéndose de olvido en el fondo de anónimas papeleras de despachos impersonales. He visto cuartillas en blanco, anhelantes de una palabra amante, velando desveladas durante noches enteras sobre escritorios desolados, sin encontrar la mano que supiera trazar sobre ellas la magia de un poema que llenase el corazón de quien lo espera al otro lado de la desesperanza. Me he conmovido, en fin, viendo cómo desafortunadas cuartillas, esclavas de mensajes imposibles, eran arrugadas y estrujadas por humanos puños iracundos, y arrojadas a la hoguera, como brujas condenadas a muerte, por el solo pecado de haber compartido secretos que no podían mencionarse por escrito, por haber sostenido con sus aturdidos verdugos relaciones de deseos inconfesables, prohibidos diálogos de amor, caricias anheladas incapaces de alzar el vuelo hacia la nada postal de un buzón de correos, o de mudarse en una nota de amor sugerentemente olvidada junto a una mano amante.
Pero yo hoy presiento en el trémulo avanzar de la mano que escribe sobre mí su despedida que estoy llamada a cumplir mi misión sin que haya nada que pueda impedir este fatal destino mío mensajero. Sé que mi espacio se llenará hasta la última línea, con toda la desesperanza acumulada en un cerebro oscurecido por el tiempo y que, cuando quien me escribe no pueda ya escribir ni una letra más, yo seguiré latiendo entre tu abrazo, guardados los dos en el bolsillo que él tiene al lado del corazón, allí, junto a aquella foto de una muchacha que, con el tiempo, fue perdiendo la luz en los ojos; y en sus fantasías de pobre mujer enloquecida por los celos, fue renunciando a la razón de seguir siendo fantasmal y olvidadizo disimulo de traiciones negadas una y otra vez.
¡Pobre loca! ¡Qué cuerda estuvo siempre!
Sueño ya con arrebujarme en tu abrazo, sobre vacío y fiel, caricia envolvente incapaz de ser algo más que un mínimo cartel anunciador de la dirección a la que has llegar. Pero, esta vez, en tu panel en blanco no se escribirán calles, ni ciudades, ni países; sólo un destino sin un nombre siquiera: "Para ti, amor".
Dormirás durante todo el día esta última espera, pacientemente, ocupado en cobijarme en tu seno amoroso, hasta que el hombre te encuentre esta noche sobre la almohada. Despertarás en él un destello de angustia contenida mientras rasga tu cerrazón con mano trémula; y dejarás que sea yo quien le cuente la última historia de amor escrita para él con toda la desesperación de la sospecha cierta.
Luego, la mano del hombre me devolverá a ti en un esponsal de contrición y amor eterno: ese que sólo se alcanza con la muerte y permanece por siempre en el recuerdo de los que aún tienen que seguir recordando la fatal inconstancia de la vida.
Quizá, antes de ser plegada por las culpables manos del hombre, una lágrima humana y penitente desdibuje alguna letra en mi superficie dejando emborronado el último dolor que la trazó. Quizá vuelva a ti húmeda de tristezas ajenas. Pero volveré y seremos dos papeles plegados en un solo abrazo que acabará amarilleando el olvido.
Nunca más estarás vacío. Ni yo desabrigada. Lo teníamos pendiente; ¿recuerdas?
¡Lástima que haya de ser una muerte quien dé vida a este maridaje!
Nunca más sentiré la desazón por el incierto destino de cualquier papel en blanco. Ya no habrá entre nosotros tareas por hacer.
Todo está escrito para que nuestro abrazo se consume.
Gaviola en Marineda. En un 13 de Febrero de 2008.

HENDRICKJE STOFFELS-PILAR

Es tan frágil la línea que separa la historia de la imagen atrevida en la imaginación, que hasta los pinceles parecen hablar una verdad muy distinta a la que interpretas en la lectura de las telas. Quizás te dejas influenciar por los límites e imposiciones de una época que el tiempo tiene algo emborronada, o por esa extraña lógica que él daba a conocer en sus pinturas. Me entristece que no me reconozcas, que hayas olvidado que le dediqué los mejores años de mi vida, y me desees un futuro que gire en espiral. ¿No sabes que subí peldaños en su afecto hasta que no pudo pasar sin mí, o fue esto también una mentira? La puerta que ves no encierra ningún dragón, y mucho menos miedos descontrolados. ¡Nada de eso! Lo cierto es que no guardaba secretos y nos proporcionaba instantes de íntimas horas, y aunque nuestro comportamiento no obtuvo el beneplácito de los hombres que se dicen santos, nuestra unión fue reconocida como una alianza por la gente que teníamos cerca. Cuando le conocí pasaba por unos momentos de pérdidas y duelos, de los que se fue reponiendo con la lentitud y la prudencia de sus años. Yo cuidé su casa y le di también una hija que acompañó más tarde sus horas de soledad. Sus lienzos se hicieron grandes, el pincel enérgico: aprisionó mi silueta dando forma a sus desvelos y pasiones. Sí, me has visto entre calderos y ollas, entre fogones, con aspectode haber perdido el rumbo de mi destino. ¡Nada más que un momento dedebilidad y cansancio! El claroscuro envolvía nuestros recuerdos con un aspecto de melancolía, un duermevela sin sobresaltos. Entonces, ni en aquellos momentos ni después, supimos de filosofías ni de comportamientos existenciales, y tampoco de presagios. Mejor así. Nada nos hacía sentir que esos instantes se saldrían de la rutina, y que ya teníamos más cerca los cipreses, esos que crecen hacia elazul. Nadie nos dijo que la vida nos asombraría con su última jugada:una pincelada de grises poniendo acentos desvelados para siempre. No tuve odios ni me sentí esclava. Sí lloré. La vida cambiaría pronto las esperanzas, pero hasta ese momento no se dejó notar ningún movimiento extraño ..., ¡todavía no! El dolor no tardaría enacercarse: Tánatos estaba ya en camino. ¿No será su aliento lo que confunde las sombras y marca esa fronteraentre lo real y lo imaginable? Contestar a la pregunta nos llevará aconocer la verdad.
Hendrickje Stoffels
En Amsterdam, 1663
Pilar, 13 febrero 2008

martes, 12 de febrero de 2008

DE LAS CIENCIAS NUESTRAS-CARMEN

Dra. Anna Levi

Instituto De Medicina Neurológica
Edimburgo
Mi querida amiga Anna,
En estos momentos estoy recordándote y he decidido escribirte. Llevo largo tiempo deseando dejarte saber la admiración que siento por ti y por tu trabajo, pero siempre que la vida nos ha permitido reunirnos, tenemos tantos temas de ciencias de que hablar que no nos sobra tiempo para cosas del alma. En este mundo de hombres en el que nos ha tocado trabajar como científicas, pareciera que nuestros esfuerzos son menos válidos y nuestra ciencia menos ciencia. Cuando te otorgaron el Premio Nobel por tus estudios y descubrimientos sobre el sistema nervioso, fueron muchos los que se negaban a aceptar que la capacidad cognoscitiva cerebrar no tiene sexo. Decías que solamente aquellas actividadesrelacionadas con los sentimientos, donde intervienen las hormonas, afectan a los hombres y a las mujeres de manera diferente. Y de eso nosotras sabemos mucho. Recuerdas cuánto nos reímos al demostrar estadísticamente que los hombres no pueden lograr invertir cálculos tan bien como lo hacemoslas mujeres. Se les atrofia el pensamiento cuando tienen que ir en reversa con cálculos numéricos. Juntas aprendimos que el deseo de servir a los necesitados es un manantial infinito. Amor que regalas, amor que vuelve a ti. Y sé que no me pondré vieja del corazón, solo se arrugará mi cuerpo. Pero en lo que eso ocurre seguiré haciendo lo que me pide el alma, como lo estoy haciendo ahora, respondiendo a un llamado misterioso de volver a saber de ti. Para cuando recibas esta carta yo estaré aburriéndome en Luxemburgo en el congreso de Electroquímica. Los hombres que asisten a esos encuentros de mi especialidad de estudios no saben reír. Ya te contaré. Últimamente estoy diseñando un biosensor para detectar ataques al miocardio de forma instantánea. Deséame suerte. Espero saques un tiempito y me respondas a estas líneas. Te envío un abrazote cálido.
Amelia Bonr

lunes, 11 de febrero de 2008

MARIANA..., MARIANO...

Lo siento, sé que así escrito puede resultar más frío, pero no me atrevo a decírtelo a la cara...: te tengo que dejar, Mariana, no volverás a verme.Y valoro el sacrificio que has hecho, comprendo que fue por mí, pero algo tan importante merecía una consulta. Sabes que nunca habíamos hablado de sexo, sólo miradas, sonrisas, roce de manos, esos pequeños besos a escondidas..., no debían vernos. Eso sí: te hablaba mucho, demasiado tal vez, de mujeres, de como estaba de buena ésta o aquella. Era para disimular, Mariana, para guardar las formas ante los demás..., pero ya no hay arreglo. Yo te quería como eras, Mariano, con tu barba de días, con tus brazos morenos y peludos, con tu voz ronca. Ahora me resultas extraño..., extraño y patético. Siempre te recordaré así. Debías haberme preguntado antes de cambiar de sexo.
Luis

DE PALOMA A PALOMA-Cati-

Paloma: Mirta Colipava
Cúpula del Palacio Barolo -Buenos Aires-República Argentina

Querida Mirta:

Instalada en la Cibeles, aprovechando el viaje de nuestro primo Mercurio, que partirá en breve para América, te hago llegar a la dirección que me diste, algunas reflexiones que los hombres y su ingratitud me han inspirado.Ya me sé yo que a ti se te debe hacer la vida tan difícil como a mí porque para las ciudades y sus habitantes, nosotras, las palomas tenemos nuestros inconvenientes, aunque también algunas ventajas. Está el tema del albergue, ya que muchos nos tratan de sucias, malolientes y nos comparan con las ratas. ¿No nos han visto acaso bañándonos en cuanta fuente encontramos por ahí? Olvidan que nos vemos obligadas a buscar las techumbres y molduras porque son lo más parecido a los acantilados y rocas que nos vieron nacer hace miles de años. Ellos no limpian con la debida frecuencia sus fachadas y por eso se enojan con nosotras. No saben los que nos critican, que nuestro abolengo es infinitamente superior al de ellos, que descendemos en línea directa de los dinosaurios y tenemos una especial fortaleza y muchísimas habilidades. Digo yo ¿cuentan los humanos con esqueleto neumático? Con toda seguridad no tienen esa maravilla de huesos huecos llenos de aire que nos permiten volar con tanta elegancia. Ignoran también que nuestras parientas ornamentales se dividen en más de cien variedades y que nosotras, las silvestres, tenemos un poder maravilloso de adaptación al entorno. Mientras los hombres deben camuflarse en la selva, por ejemplo, empleando esos trajes de cocoliche verdinegros, a nosotras las plumas se nos cambian en pocas generaciones de acuerdo al color de las techumbres del lugar que nos albergue.Como ves, querida prima, es mucho lo que desconocen. Y además, todavía critican a las mujeres que nos alimentan. Enrealidad, no sería necesario que ellas se molestaran en hacerlo, porque a nosotras nos basta básicamente con comer insectos, lo que contribuye, sin duda, a la higiene de las ciudades que habitamos. Pero esas señoras, ya ancianas, a los que algunos miran casi como un despojo, experimentan satisfacción al compartir su pan con nosotras, tal vez, mientras aguardan la carta de un hijo, la visita de un nieto o mientras se entregan a la dulce memoria del esposo que ya ha partido de este mundo. Que no todas las mujeres viejas se han avejentado a des-sonrisas. Y muchas han disfrutado al infinito bellos atardeceres en Torrevieja o Mar del Plata. Sin duda, muchas de ellas han vivido su vida poniendo amor en el tendido de una camao en el lustre un espejo. Que con eso basta para justificar la vida. Entonces, en realidad, para no desairar su gesto afectuoso, nosotras comemos su pan sin despreciarlo. ¡Ay primita qué poco saben los hombres de nosotras…! ¡Caramba! ¡Casi olvido al impulso de mis reflexiones el otro motivode esta carta: enviarte mi invitación para la verbena del 15 deagosto. Sin duda, algo más que los hombres nos deben, ya que hasta una advocación virginal nos pertenece. Y la Villa del Oso y el Madroño se engalana en su honor en ese día. Ahora te digo que debo finalizar estas reflexiones, ya que Mercurio está por partir y debe llevarte mi mensaje. Tengo mis dudas con respecto a la hazaña que se propone, ya que puede volar sólo seiscientas millas en un día, pero ciertamente nuestro primo se apañará para concretar la hazaña. ¡Que la Virgen de la Paloma lo proteja! Ya me encargaré yo de que le dediquen en su honor una zarzuela.
Te abraza Carmen, la madrileña
Rte: Paloma Carmen Jerezana
Torre Cibeles
Madrid -España-

domingo, 10 de febrero de 2008

EN VALENCIA-Gaviola

EN VALENCIA. 17/2006
(Certificada pero sin acuse de recibo).

Querida hija:
No voy a andarme con rodeos. Estoy en Valencia. O, por mejor decir, Don Valerio y yo estamos en Valencia. Sí, Don Valerio, el Maestro-Escuela de Salinas. Estamos juntos. Pero no con uno de esos viajes organizados para viejos. Estamos los dos solos, viendo cómo se le suben las colores a la Albufera por la tarde, Dios sabrá de qué vergüenzas de lo que tiene visto.
Hemos escuchado vuestro anuncio en la radio, en eso del "Servicio de Socorro de Radio Nacional" y, aunque no termino de discurrir a qué viene tanta preocupación, te escribo seguidamente.
De verdad que, después de tantos meses en la Residencia sin noticias vuestras, no esperaba que nos publicarais como a los desaparecidos por tres días que hace que faltamos.
¡Lo que tiene una que ver…! Cuando las hijas de Don Valerio y vosotros, con las habladurías y las rencillas, no podíais ni miraros a la cara. Y ahora, con lo del anuncio de la radio, parecéis uña y carne mentando a vuestros viejos y publicándonos como si fuéramos dos coplas dedicadas.
Hablando de la radio, sabréis que ha sido oyéndola como nos entró el regomello[1] de hacer lo que hemos hecho. Ya habréis oído que los del Gobierno han dicho que los viudos no vamos a perder la pensión si volvemos a casarnos. Y a eso hemos venido Don Valerio y yo a Valencia, a casarnos.
Bueno, ¡ya lo he dicho! Y me entra la risa, -perdona, hija-, figurándome tu cara con lo mirada y melindrosa que tú eres.
Que Don Valerio y yo nos quisimos de mozos ya lo conocíais, y de ahí vinieron en el Pueblo, como sabes, los desaires entre la familia de tu Padre, la mía y la de Don Valerio. Él y yo éramos de los pocos que teníamos algunos estudios, así que "cada oveja con su pareja" -que rezongaban los míos, como se decía antes-. Que "…mujer leída no podía ser buena" -que decían los de tu Padre; y que "…plato de segunda mesa era malo de catar, porque catado estaba ya…", le decían a tu Padre los amigos cuando se juntaban y hablaban de mí.
Sabiendo eso, no te extrañará que estuviéramos en boca de todo el mundo por haber vuelto a hablarnos últimamente, a destiempo y como en una chochez vergonzosa.
Lo de "todo el mundo" es mucho decir. Me refería a ese "todo el mundo" que es una Residencia de Ancianos. Y ahí en el Pueblo…, que ya sé las murmuraciones que habéis tenido que apechar tus hermanos y tú, y las hijas de Don Valerio. Pero, te juro por todos los de mi sangre que, mientras estuvo vivo, nunca le falté a tu Padre que en santa gloria esté ni con el pensamiento.
Don Valerio y yo tonteamos de mozos; para qué lo vamos a negar. Pero nos empezamos a olvidar como pudimos cuando él se fue a la mili y se reenganchó de voluntario todas las veces que le dejaron para poder comer caliente -que en el Pueblo no encontrabas ni nabos en los malditos años del hambre-. Y nos terminamos de olvidar cuando, al volver él con la cartilla de licenciamiento, yo ya estaba bien casada por la iglesia. Que encima tenía que agradecerle a tu Padre que me matrimoniara habiendo estado de novia con otro antes que con él.
Ni mirarnos a la cara de cerca le consentí a Don Valerio cuando llegó. Y bien que más de una vez se fijó de lejos en los verdugones que me dejaba en ella la correa de tu Padre cuando lo malmetían en la Taberna y le agarraban los celos en una de sus borracheras; o cuando se jugaba el jornal al tute en una sola tarde y teníamos que comer de fiado el resto de la semana hasta que le pagaban otra vez.
Lo malo era cuando se juntaban dos o tres semanas sin cumplir con la cuenta de la tienda y no querían fiarme. Entonces me tundía de una manera…. Tú te recordarás…, que ya eras grande y alguna vez recibiste por meterte de por en medio.
– Mira, María, -me decía la Tendera con ojos de lástima-, si fuera por ti, te daría de fiado por un año. Pero, hija, con ese "chalao" de hombre tuyo tendrás que comprender…
Yo me iba calle abajo con el miedo metido en el cuerpo, cavilando en qué ponerle en el plato para que tu Padre, mal que bien, llenara el estómago y se olvidara de la correa. Pero ya no le echo cuentas a aquellos años de vapuleos y de hambre; bien lo sabes tú; y, como te digo, que Dios lo tenga en su santa gloria.
Cuando te porfié para que me trajeras a la Residencia, porque la casa se nos estaba quedando chica, -que mira que has parido hijos-, y cuando, desde la ventana de mi nuevo cuarto, te vi de irte el primer día, se me partió el corazón teniendo que apartarme hasta de las cosas más insignificantes que yo había tenido en el mundo. Pero, como te dije, los viejos nos volvemos demasiado chinchosos. Y un poco sucios; para qué lo vamos a negar. ¡Si yo misma me huelo el tufo de la vejez cuando arrimo la nariz a mis manos! Para qué vas a castigar al mocerío con tu presencia, -me decía cada día que pasaba en la casa-.
Por eso tentaba las cosas tantas veces; me estaba despidiendo de mi mundo.
Por lo menos en la Residencia, todos juntos, parece que nos prevalecemos mejor de nuestros achaques; porque siempre hay alguien peor que tú. Tan peor que en los años que he estado allí no pasaban tres días sin que alguno de los compañeros dejara de sentarse en el comedor a la hora del desayuno. Pero sabrás que ninguno preguntábamos, porque por adelantado se nos alcanzaba la razón de la ausencia. Alguno de los que llegaban nuevos, y no conocía el cada día, siempre se le escapaba la pregunta. Pero, después de la primera vez, nunca volvía a averiguar.
¡Si supieras lo deprisa que aprendemos los viejos y lo poco que queremos saber de la muerte! Ya lo apreciarás tú si Dios te da vida; que así sea.
Pero me estoy retirando de lo que quería decirte en esta carta. En eso tenías razón de enojarte: que nunca he sabido ir al grano cuando quería mentar algo. Será por el aprendizaje de tantos años, por lo difícil que era entrarle de frente a tu Padre, que Dios guarde en su gloria, sin que te soltara un sostrazo[2].
Como te decía, no teníamos en nuestros cálculos Don Valerio y yo el que la vida nos juntara finalmente en la Residencia; será que el destino lo dispuso así para que a los dos nos dieran plaza en ella y aliviaros a vosotros del quehacer de cumplir con los viejos, y a nosotros de la pena de no tener sitio entre los jóvenes en nuestras propias casas.
Vernos y encenderse el antiguo querer fue la misma cosa; que a los viejos, aunque no te lo creas, nos bulle el corazón con mas apremio que a los que tenéis tanta vida por delante. Y, si no nos hemos casado antes, fue por lo de no perder la viudedad; por no privaros a vosotros, que tantas bocas tenéis que tapar, de lo que queda de nuestra pensión después de pagar la Residencia.
Además, ¿de qué íbamos a vivir los dos? ¡Mira que era tener mala sangre quitarle a los viejos la pensión si volvían a casarse! Si tú supieras cuántos viejos he visto queriéndose a escondidas en aquella triste casa donde nos tienen apartados como espuertas, y con el miedo royéndoles los entresijos por si los dejaban sin los dineros y sin tener que echarse a la boca si perdían su pensión… ¡Cuántos se hubieran casado si…! ¡Ay!, perdona otra vez que ya dejo de desbarrar y sigo.
Pues te diré que cuando han radiado lo que ha dicho el Gobierno, que ya no nos quitan la pensión, nos hemos figurado volver a lo que nunca fue, y no hemos querido esperar más.
Ni tampoco queríamos seguir arrinconados como capachos viejos.
Como ya te conozco, tú me dirás que, a fin de cuentas, juntos estábamos en la Residencia, y que qué necesidad teníamos de dar el campanazo. ¿Para qué vamos a menear el agua ya remansada y enturbiarla otra vez; verdad, hija?
Lo que no puedes comprender todavía, hasta que no empiecen tus huesos a helarse como los nuestros, es el frío que se te mete por el cuerpo en la soledad de las larguísimas noches sin sueño de la vejez.
Cuando, por las noches, teníamos que irnos cada uno a nuestro cuarto, Don Valerio y yo nos mirábamos sin hablarnos ni siquiera, preguntándonos con los ojos si al día siguiente nos juntaríamos para tomar el desayuno o si nuestra silla sería retirada discretamente de la mesa por la mañana. Y tenías que haberle visto cómo se le eclipsaba el mirar. Así que ya sabrás por qué nos hemos casado: para poder darnos por las noches un poco del calor que nos queda. Y para morirnos juntos si podemos.
No te sofoques, hija; ya se que siempre has dicho que con los años se me estaba perdiendo la vergüenza en la lengua, pero, aunque sea una vez, y por carta, para no cortarme con lo que tengo que decirte viéndote ese mirar calcado del de tu Padre que en paz descanse, tengo que referirte las cosas como son y como las siento.
Don Valerio y yo, que tanto hemos esperado, no vamos esperar ahora a la muerte sentados en la puerta de nuestro cuarto, mientras el cuerpo se nos dobla como si buscara ya la tierra. Queremos salirle al encuentro, cruzarnos con ella por el paseo y por la plaza del pueblo, echarle el último pulso y poderle hasta que ella nos pueda.
Nos hemos casado y nos hemos venido de viaje de novios viejos a Valencia, a una pensión junto a la Albufera, donde las puestas de sol, por las tardes, tienen la misma mansedumbre de nuestros años y el mismo color que nuestras tristezas. Aquí nos estamos gastando lo que el pobre ha podido retirar de lo que sus hijas querían darle de lo que era suyo cada mes, y lo que yo sacaba vendiéndole pañitos de ganchillo a los familiares de los otros viejos. ¡Con lo que a ti te desazonaba y te afrentaba mi comercio miserable! ¿O te piensas que no me daba cuenta? Pero, bien que te callabas cuando te daba para los reyes de tus hijos o para unas medias de nailon por la feria del Pueblo. Bueno, vamos a dejarlo así; que ya no me quedan muchos alientos para gastarlos peleándome contigo. Y menos ahora que estoy como reviviendo.
Aunque te dé el último sofocón, lo que sí tengo que decirte, que ya lo hemos hablado mi marido y yo, -perdona, hija, que se me llene la boca por una vez en la vida-, es que nos vamos a ir a vivir a la casilla que Don Valerio se compró en la Rambla. Esa que está cerrada desde que él se fue a la Residencia y que ninguna de sus hijas ha querido porque no tiene corral donde meter las bestias, y porque la alcoba y la sala son la misma pieza. Sí, esa que tu Rogelio quería comprarles por cuatro cuartos porque decía que parecía un piso de capital. Pero, vaya una cosa por otra: no tenéis que desazonaros por el pico de mi pensión que te quedabas tú después de pagar la Residencia; que, con lo que ha acordado el Gobierno de no perder las pensiones, podremos vivir mi hombre y yo con lo que le pagábamos cada uno por la estancia y aún ahorrar unos duros nosotros que tan poco necesitamos ya y que de tanto hemos carecido; y arrimaros ese remanente que siempre te quedabas de mi pensión. ¿O te pensabas que no lo sabía?
Pero tampoco por los dineros no vamos a pelear a estas alturas, ¿verdad, hija mía?
Una cosa quiero pedirte: que en cuanto recibas esta carta retiréis de la radio la proclama; porque verse publicado, aunque sea a la vejez, es como si te afrentaran.
Y hablando de afrentas, ya lo sé: que, la primera noche que pasemos en el Pueblo, nos darán de madrugada la cencerrada que le echan a los que se casan de viudos viejos; pero mi hombre y yo la oiremos juntos, arrebujados en nuestra cama; y te juro que nos sonará como si fuera la serenata que no pudimos tener de mozos.
En lo que estás confundida, hija, es en la ropa. Ya no visto "bata negra y zapatillas de paño a cuadros", que era lo único que tenía en la Residencia. Mi marido, para la boda, aunque fue humilde y en misa del alba, me compró una saya de florecillas malvas y grises, unas medias de cristal, una toquilla de lana y unos zapatos de piel como los que llevé una vez en la feria del Pueblo el año antes de irse a la mili.
Y hasta velo de gasa llevé a la boda aunque negro como me corresponde.
Para acabar, quiero pedirte que no te amargues por lo que vayan a decir tus hijos. O por lo que tú tengas que referirles. Ni siquiera por lo que tengan que oír. Yo que tú, les diría -para cuando puedan comprenderlo- que quererse es mejor que pelearse, aunque les hayan enseñado que en lo de quererse hay mucho pecado. Y aunque uno tenga que quererse con un pie al borde de la fosa, ahora estoy sabiendo, hija mía, lo que es un apego de verdad.
Como verás siempre hay tiempo para aprender cosas, y para que la vida se enmiende. He tenido que hacerme vieja para saber lo bueno que es tener un compañero. Te deseo -y que Dios me perdone- que el tuyo se te cruce en la vida antes de morirte… Y perdona si me percaté a destiempo, poco antes de pedirte que me llevaras a la Residencia, de que el Rogelio te había salido tan bravo como a mí tu Padre.
¿Y qué podía hacer si no era irme de la casa antes de que yo le partiera la cabeza o él a mí me partiera el alma encima de tus lomos? Ahora ya sabes lo que tenías que saber.
Y sin más que decirte se despide tu madre que lo es y que te quiere.
Gaviola en Marineda. En un 9 de Diciembre de 2001.

viernes, 8 de febrero de 2008

A LIDIA-ATHO-

Mi querida Lidia, he recibido tu carta, una misiva extraordinaria, bella, llena de alma de poema, me recuerda, no sé quién lo dijo: “Las mejores cartas de amor de una mujer son las que escribe al hombre a quien engañan”.
Varios cielos nos separaban. No encontrábamos a los amigos que se escondían tras una excusa. Arrancados de un contenido fatal, fuimos una quietud ligera, rígida. La juventud daba reposo a la esperanza bajo un círculo lleno de penas. El tiempo pasaba, golpeaba montañas de oscuridad, y era hueco. Acallar su estrépito, pensar, llenar de tristeza los cubos de basura, fue nuestro sino.
Aquí al lado, el río brioso está lleno de risas de espuma. Mis penas intactas, junto al barranco del vicio lleno de buitres. Me voy a ir desierto. No quiero buitres, ni tristeza, ni al pasado que pasó. No existe la felicidad para mí. Me voy.
Cobardía y amor anidaron fuera de nosotros. Nunca en alguna inmensidad nos perdimos fuera de las estrellas. Destruimos un amor que nació al margen del Edén. Las caricias fueron gloria que atascaba nuestras almas. El sonido de los besos enmudeció por donde se cae el olvido. Amores áridos, fríos, y melodías tristes, nos adormecían.
Los fantasmas nos acorralaron, marchitaban rosas al amanecer, y dejaron olvidadas sus cadenas sobre la senda de nuestra perdición.
Ahora las estrellas caminan sin rumbo, las hojas de los árboles tiritan. Nunca conoceremos qué nos tiene reservado la providencia, esa quimera de arrugas majestuosas, para que nos ayude a escapar del castigo.
No te recomiendo que regresemos, nuestro castillo se ha perdido entre las brumas del infierno... ATHO

jueves, 7 de febrero de 2008

¡HASTA PRONTO, ÁNGELA! - CATI


Querida Ángela:


Hoy, a un mes de tu partida, te escribo esta carta como cierre -porahora- a esta serie de "Las brasas que despiertan". Y digo "porahora" porque no renuncio ni claudico a mi renovado deseo de reencontrarte a vos y a todos los que conforman nuestro frondoso árbol genealógico, tal como propusiera el primo Sebastià, el próximo 3 de agosto durante las fiestas campaneras, luego de asistir a misade 12, en San Julià, allá en el pueblo que guarda el nombre de mi padre escrito en la piedra secular.Ese día será de acción de gracias al Altísimo por haber permitido que el amor prevaleciera sobre los desencuentros, y que las nuevas generaciones pudiéramos confundirnos en un abrazo sincero y renovado.Pero, antes de dar las gracias al Señor, debo dártelas a vos,querida muchacha.Te llamé "La Adelantada" y eso sos. Porque fuiste la que se atrevió a romper los moldes, a decir: "aquí estamos, somos una familia y queremos comenzar de nuevo". Y no conforme con eso, vos, tus padres y tu hermana me dieron, con total generosidad, por regalo, a Sebastià, que, junto con el cariño recién estrenado, me ha devuelto la identidad que busqué durante todos estos años en el ciberespacio y en las letras, tal vez como una forma de recuperar a mi papá y a los abuelos, pero sobre todo a mí misma. A Sebastià, que ha hecho el milagro de hacerme chatear y escribir en catalán (un poco pintoresco, lo reconozco), pero catalán al fin. Y también a Miquel, tu padre, tan parecido al mío en tantas cosas, a quien considero un lujo haber recuperado junto a todos los miembros de la extensa familia que conformamos.Pero has hecho más, todavía, querida niña: tu presencia en esta casa ha permitido que mis hijos sientan, por primera vez, en forma concreta y no teórica, como hasta ahora, que su mamá viene de una historia, costumbres y tradiciones propias, diferentes, quizás, a las de su papá, pero tan ricas y vivas como esas otras que ellos habían conocido. Hasta que nos encontramos, Ángela, yo había sido "la gallega", y eso, para mí era un honor enorme, ya que aquí a todos los descendientes de españoles así se les llama. Pero gracias a vos, y a la recuperación de mis raíces, he podido comenzar a ser "la mallorquina" con una dignidad diferente, lo aseguro.Comprendo que los que desde siempre disfrutaron de la sombra del famoso arbolito genealógico, los que vivieron la infancia acunada por los juegos y competencias entre hermanos y primos o los rezongos del abuelo patriarcal, crean que mi infancia de hija única no tiene nada que envidiar a la suya llena de picardías y aventuras. Uno cree que el vecino está mucho mejor que uno. ¿No pensás? No negaré que mi niñez barrial y protegida fue muy linda. Pero tampoco que recién alcasarme pude vivir "de prestado" esas Navidades llenas de alegría,de abrazos y sorpresas, esos cumpleaños donde la gente no cabe alrededor del mantel y hasta esas muertes en las que son cientos losque lloran al que ya se fue.Desde que te adelantaste, devolviéndome todo eso, aunque sea, por ahora, en forma virtual, mi vida ha cambiado, niña, y quiero que los epas, y que te doy las gracias.Quiero que sepas, además, que tu visita me hizo vivir una semana en el estado de gracia casi adolescente, y eso tampoco tiene precio. Son tantas las imágenes: vos y Mercedes en Puerto Madero, sonriendo; Fernando tocando su guitarra para vos, con toda la vergüenza de losdieciséis años, Jorge asintiendo con ternura cuando nos contabas algunas vivencias tan, tan especiales, mamá, preguntando si te quedarías para siempre, Mercedes, Natalia y vos, en la noche de Palermo Hollywood, haciéndose verdaderas primas en unas pocas horas,o la cena con todos los Cobas argentinos, por ejemplo.Fuiste Adelantada, Embajadora y Hada Madrina, milonguera, turista y porteña buscadora de abuelas perdidas en esta Buenos Aires infinita.Fuiste la voz de mis raíces y mi historia, pero quiero declararte,ahora y para siempre, mi Esperanza Renovada en que la Vida, si uno cree en ella, siempre trae cosas buenas, como las que he recibidodesde tu aparición.Y finalmente, quiero decirte que mi hija, balbuceando un saludo en catalán frente a tu cámara, y el abrazo inmenso con el que nos despedimos, son dos de las cosas que espero recordar el día que me esté yendo de este mundo -cosa que deseo tarde muchísimo en llegar y no suceda antes de que mis pies pisen la colorada tierra que alguna vez conoció las manos de mi padre empuñando la hoz en la labranza-.Ansío para vos, demás está decirlo, que la Vida te devuelva, mi querida y valiente Adelantada, toda la felicidad que te corresponde.Y sé que así será porque sos una luchadora empedernida, que me recuerda mucho, mucho, a cierta muchachita de dientes grandes y anteojos que fue a la Escuela Normal, aquí cerquita de mi casa, allá por los sesenta, cuando el mundo era un poco menos complicado pero cuando tampoco se conocía en él, este milagro maravilloso de Internet.Con mucho amor:
Tu "nueva tía" Cati

miércoles, 6 de febrero de 2008

JORDAN-CARMEN AMARALIS

02/1/08New York
Mi adorado en la distancia,¿Cómo está Jordan, aún me recuerda? Hoy me topé con esa primera foto que te robé de él cuando el niño solamente tenía cinco años. Era tan bello con sus profundos ojos y aquel cabello negro ondulado haciendo rizos sobre su frente. Lo guardé en secreto, y casi todas las nocheslo miraba, justo antes de que hiciéramos el amor. Sabes, nunca te lodije, pero deseaba que si me preñabas, nuestro hijo se pareciera a él.Mi amado, aunque ya no estamos juntos, aunque los años se han escapado y el corazón sucumbe, mi amor por Jordan sigue igual. Dime,¿aún recuerda a su Titi puertorriqueña? Imagino cuan difícil sería para él explicarle a sus amiguitos judíos que tenía una tía católicaque a escondidas le llevaba a misa y le daba tocineta de desayuno cuando me lo prestaban en los fines de semana.Digo mal, no me lo prestaban, lo pedía prestado para curar aquella frustración tan grande de no poder nunca escuchar la palabra mamá.Jordan no entendía mis lagrimas cuando lo abrazaba fuerte contra mi pecho y lo besaba llamándolo hijo. Creo que el niño intuía que le amaba demasiado, con una extraña fuerza irracional. Sabía leer mis ojos, y cuando mi melancolía nublaba mi sonrisa, Jordan siempre buscaba la forma de alegrar mi corazón.Aún guardo los dibujos con aquellos corazones muy rojos pintados acrayón con mi nombre en el centro. "Titi te quiero". La vida nos separó a nosotros y con el adiós perdí a los dos. Hace diez años no se de él ni de ti. Pero recuerda, aún eres mi esposo, aún recuerdo el juramento ante el altar de Dios, y "lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre".Siempre te escribo, no se si recibes las cartas, la desesperación se hace doble, pues no solo deseo saber si estás bien, pero también si mi niño aún me recuerda. Ya debe ser un hombrecito.Si puedes superar el temor a escribirme y dejarme saber que me sigues amando como te sigo amando yo, por favor, déjame saber cómo está mi Jordan.
Te envío mi abrazo cálido,Tita

RECURRENCIAS-GAVIOLA


Llueve sobre Madrid. Y sobre el Mundo.

Te vas quedando atrás.

(¡Con qué desgarro!)

Ya lo sé.
Soy como la tormenta:
Llego y me voy seguida
por mi corte de rayos
y de lluvia
y de viento que viola lo vedado
y de nubes preñadas de tristeza
y de huida fatal, irremediable.

Parece que me quedo. Pero no.

(¡Ay, quien no fuera árbol!)

No pudiste seguirme. No pudiste.
Y yo no sé quedarme en ningún sitio.

Voy inconstantemente.
(Según marca el compás. Y la bitácora
que no pude escribir. ¡Era tan tarde!)

¡Árbol!
espejismo de amor, pasión exánime:
sostén enarbolado de la inmovilidad,
estático blandir de vasallajes
rendidos a la saña del Otoño
que arranca de tu cuerpo vegetal
la gracia de soñarte Primavera.
Fuiste –lo sabes ya- mi amante árbol
indeciso, versátil, tornadizo.

¡Mi árbol siempre inmóvil!
¡Mi árbol soñador de vanidades!
¡Mi amadísimo árbol prisionero!

¡Mi inútil desatino!

(¡Que raíz tan furtiva te aprisiona
sosteniendo tu sed encadenada!)

Sobrevolé tu copa como un cóndor
me acurruqué en tus ramas extendidas
me enredé entre tus hojas asfixiadas
me abatí sobre ti como un tornado
apurando el orgasmo de lo efímero.

Te acunó mi ventisca de Febrero
y quise desclavarte de tu nicho
sacarte de la tierra
arrebatarte
con furia trasnochada y torbellina…
No sabía
que ya desarraigado
te morirías de sed sobre mi pecho
callado. Poco a poco
como se muere un niño que no llora
como se muere un viejo que no ama
como se muere un guardia sin ladrones
como se muere un día sin un beso
como se muere el Mundo por ser mundo.

Como muere al final cualquier tormenta
disuelta en impostores océanos.

Como muere el amor: siempre a destiempo.

(Al fondo del paisaje,
igual que una ironía
de engañosas sazones recurrentes,
un árbol se prepara para ser
nuevamente anidado por las tórtolas
que aún han de llegar
con su carga de arrullos interinos)

Y mi pobre tormenta en retirada
amansada en una lluvia gris
que ya es apenas lluvia.

Gaviola en CasaMora. En un 6 de Febrero de 2008.

A CLARA-LUCI

Querida hija Clara:
Es bueno esto de escribirte una carta en la madrugada, cuando estas durmiendo, antes de que te levantes con cara de bebé a beber algo en la cocina y me des un beso dormido para después zambullirte bajo el edredón. Está todo en calma y puedo pensar.
Me sorprende cada día ver como creces, como maduras, como ya no eres mi niña y te estas convirtiendo en una jovencita casi desconocida.
Debía de estar preparada para ello, pero siempre pienso que en eso de educaros a ti y a tu hermana hay un proceso interno y reversible. Vosotras también educáis a mamá, y tú más que ella ya que le llevas cinco años de ventaja.
A veces escribo para ti cosas que no lees porque las guardo entre mis papeles o en el fondo del ordenador, pero que algún día te demostrarán lo importante que eres en mi vida. Lo importante que eres tú, sólo por existir. Eres, siempre lo has sido para papá y para mí, un hermoso regalo de la vida, incluso cuando te enfurruñas y te dejas llevar por el mal genio, y más cuando me enfado yo y me tratas con paciencia.
Educar es complicado, tanto como aprender. Yo no creo que se pueda enseñar sin aprender, o lo que es más, creo que la capacidad de aprender, la tuya, la mía, debe ir pareja sin tirones, equilibrada amorosamente. Y no te rías ni digas por lo bajo ¡Cosas de mamá!
Ya sabes que te digo que a mí no me importa que estudies o no, que yo ya fui a la escuela. Pero sí me importa también lo sabes, porque tu futuro te lo estas haciendo cada día y yo quiero que seas una mujer fuerte y también sabia.
No importa cuantos conocimientos adquieras, no se trata de cantidad, sino como los logras, como los amplías, como desarrollas tus deseos de investigar. Me parece tan importante que sepas resolver ecuaciones, como lo que hacías anoche, cuando meditabas, dibujabas y buscabas a forma de diseñar un disfraz de carnaval con plástico, cartón y papel.
Deseo que seas una mujer fuerte, preparada para afrontar los años venideros, tu vida. Y ser fuerte no es forzuda, sino que tu corazón y tu mente tengan virtudes como la templanza, la fe y la generosidad. Que sepas discernir sobre el bien y el mal, que tomes decisiones justas. Que sepas que la amistad es más importante que ninguna otra relación, que el amor es decirse muchas veces no a cosas que se desean.
Y deseo que seas una mujer sabia, no sólo en conocimientos, sino en alegría, porque así harás felices a los que estén a tu lado y tu lograrás felicidad. Y cuando las adversidades lleguen, como el codazo ese en el ojo, las afrontes con valentía, sin acobardarte.
Deseo que seas independiente y para serlo debes formarte mi pequeño brote de olivo ya casi árbol.
Bueno chiquilla mía, me gustaría escaparme a Balí ... y que fueras tú la que me escribieras mientras yo me abanico bajo las palmeras.
Un beso dormilón de una mamá sin café desde hace horas


Luci Garcés

DUELO PERPETUO-RAFAEL

Otro año más que se inicia sepultando el silencio de la historia. Ni esperanza de resurrección…El tiempo se escurre tan veloz, que en su sigilosa marcha, devora horas, días y meses. En un abrir y cerrar de ojos se cumplirán cuarenta años de la tragedia. Y hoy, como siempre, inició el doloroso ritual. Soy hombre solitario y doblado por el tiempo. Con la tristeza atrapada en el alma, tomó papel y pluma. Por un segundo respiró profundo y con mano temblorosa empiezo a escribir al remitente. Anotó el día, el mes y, como siempre, olvidándome del año, subrayó: "Dos de octubre". Así, nada más. Luego, lento, empiezo a liberar los sentimientos contenidos a lo largo de un año más de luto."Hoy, hermano, amigo mío, el campanario de la iglesia aún repica a muerto y no sé dónde ofrendar una flor en tu recuerdo. ¿En que fosa reposan tus huesos? ¿Lo sabes tú? No, tampoco lo sabes, porque te negaron la gracia de conocer dónde acabarías pudriéndote.Sí, un día como el de hoy, el de tu cumpleaños, te extraviaste; desapareciste, como desaparecieron decenas de tus compañeros en el quijotesco y valeroso arrebato de afrontar al poder supremo. Tu incierto destino se resumió en una palabra: "Desaparecido". ¡Qué afrenta a la verdad! "Desaparecido". ¡Qué afrenta a la conciencia humana! "Desaparecido": ¡Grotesca solución para embozar tu asesinato! Y aquí estoy, como siempre, escribiéndote una carta más defelicitación. ¿Felicitación? ¡Vaya ironía! ¿De qué puedo felicitarte si estás muerto, cuando debías estar vivo?¡Claro que estás muerto! Por supuesto que fuiste ultimado. Es indudable que en tus desbordados empeños jamás pensaste topar con una bala, la punta de una bayoneta o el inmisericorde tolete del granadero. De pronto, ya nadie te vio. Tu madre se derrumbó en el llanto y tu padre enmudeció de impotencia. Duelo perpetuo...A ellos también les arrebataron el último anhelo: en dónde rendirte una oración. Una noche, una madrugada o en un claro amanecer, sólo nos dejaste el recuerdo; en una calle, en un callejón o en un salón de clases, te extinguiste, te disolviste, te hiciste polvo. Nunca se supo más deti. ¡Por Dios!, ni siquiera el verdugo que mataba sin preguntar, lo sabe ¿Yaces en una fosa común del campo militar, en las entrañas del desierto o en las profundidades del mar? ¡Qué diablos importa ya! Finalmente, fuiste carroña de la impunidad. Cuando firme y gallardo marchaste por las calles al lado del rector de la Universidad, porque tu alma mater había sido ultrajada, empezaste a morir envuelto en un sudario de pasiones desatadas. Con el espíritu herido, caminabas solidario apostando tu vida a una solacarta: la justicia. No te importaba desafiar la temible presencia de las tanquetas de asalto; esos siniestros armatostes sin rostro y con entrañas de guerra . Soñador, repartías volantes en las calles, organizabas mítines en los mercados y plazas públicas, pintabas consignas en las paredes, asistías a reuniones clandestinas, y en una alcancía de hojalata con la blanca paloma de la paz dibujada, suplicabas unas monedas para mantener viva la protesta. Al paso de los días, ya eras parte de un incontenible torbellino social que rechazaba el autoritarismo, dando nacimiento al suceso más importante del siglo pasado, epopeya que, en la brutal matanzade la Plaza de las Tres Culturas, fue decapitada. Retador, pues, te convertiste en una amenaza, en un enemigo a vencer. Hábil, sorteabas el peligro; burlabas las emboscadas y eludías la cobarde persecución. Al final de cada escalofriante evasión, sonreías nervioso, con el pasmo en la mente, el temblor en laspiernas, y el miedo anidado en el corazón. Sudabas frío, pero vivías momentos de gloria. Idealista, obedecías los dictados de tu conciencia. No deseabas una vida que fuese indiferente. ¿Cuántas veces libraste una y otra vez el embate policial o la fuerza militar? Y después, cuando surgía silencioso el fantasma de la noche, el siniestro cuerpo especial de paracaidismo que a fuegode metralla tomaba en fugaz asalto los planteles en huelga para dejar tras de sí arroyos de sangre, ¿cuántas veces, milagrosamente, salvaste el pellejo? Hasta que un día... ¿Te acuerdas de la manifestación del silencio? Impresionante, multitudinaria marcha histórica. ¿Te acuerdas de la entrada triunfalal Zócalo? ¡Cómo olvidarlo! Las campanas al vuelo de la Catedraleran un himno a la alegría. Yo te vi feliz, amordazado por voluntad propia, con los ojos anegados de emoción y el pecho henchido de ilusión. Contigo iban tus compañeros y también el pueblo; ese pueblo despertando del letargo. Mientras, un oscuro Palacio Nacional, era mudo testigo. Nadie podía adivinarlo: muy lejos de ahí, en las tinieblas del rencor y la soberbia ya se fraguaba la bestial matanza. Después, nada. Ni una huella tuya. Nada... Más, el tiempo es juez implacable. Ya dictó sentencia. Finalmente, triunfaste. El sacrificio no fue vano. Tu voz cada vez se escucha más fuerte. Aquel grito libertario jamás se olvidará. Por fin soplan vientos de esperanza, esa esperanza germinada en ti. En cada nueva alborada quisiera adivinarte en un apacible jirón de nube, en el luminoso parpadear de una estrella o en la borrasca incontenible de un huracán, porque así eras en vida: sereno, brillante y recio. Hermano, amigo mío, hoy es tu cumpleaños y el campanario de la iglesia aún repica a muerto y aquí tengo una flor sin saber dónde dejarla..."Doblé la hoja y la metí en un sobre sin dirección. Acto seguido la guardé en una caja de madera en donde reposaban otras treinta y nueve cartas más...

José Dávila Arellano

¿ES EL OCEÁNO LA DISTANCIA?-ROSA


Aquí me tienes de nuevo, con el hilo que une nuestros silencios. Sé qué estás lejos, que el océano es un muro sólo franqueable con el pensamiento y las palabras que disuelven la distancia, engrandeciendo el querer. Hoy no será diferente a otros días aunque dé mil vueltas para llegar a ti.

Ya ves, dicen que mis dedos siempre eligen el perímetro más alejado de la vista para traer a la cercanía lo que la lejanía guarda en sus bolsillos. Pero tú sabes que es mentira, que mi realidad es verdadera, mucho más que todos esos seres que pueblan el inmenso azul que nos separa, porque ellos son invisibles hasta alcanzar el verso que un poeta les regala en sus noches de insomnio y soledad..., y tú estás aquí, a pesar de que para los otros, estás allí, lejos, al otro lado; tan lejos como lo están esos peces, anémonas o microsistemas y que, en la profundidad de un océano misterioso e inabarcable, el frío no mata.

¡Qué sabrán ellos, los otros, enfrascados en sus colores monótonos de aceras y edificios! Qué sabrán ellos de la magia de descifrar los minutos de una hora cómplice, si sus relojes son zombis caminando por el tiempo o meros mecanismos secuestradores de vida; qué sabrán ellos de las nubes-correo que llevan en su útero todo el calor de una mirada, camuflada entre el agua amniótica que fecunda la tierra, si las maldicen al sentir su roce en las delicadas ropas materialistas, sin pensar que no son como esas otras que paren demonios arrasadores de vida y futuro...

Pero tú me dices, como siempre, con la indolencia del que no le inquieta el silencio, que no hay océano que nos separe, y yo te creo, porque pintas en el muro efímeras palabras para que mis dedos, -pequeñas proyecciones de mí-, codifiquen leves poemas disfrazados de cartas o prosas, a las que pones voz para acompañar tus momentos de paz. Por esto..., y porque reiteras siempre que no existe la distancia si nos sentamos a escucharnos sin que medie el recuerdo, te creo.

Sí, lo sé, vuelvo a jugar con la metáfora para deshacer espacios, como en esas prosas que te escribía, azuzada por el placer de sentarme a tu lado en el verde mañanero o en la oscuridad templada por una luna llena en cualquier estación del año, o esas otras en las que el reloj se paraba siempre, y continúa parándose, a la hora en punto... Tú me entiendes y comprendes el motivo y la necesidad de hacerlo... Y así te traigo a mi lado, como otras veces, como siempre, con el egoísmo propio del que tiene en la letra el antídoto para disolver espacio y tiempo, con la seguridad de saber que estás al otro lado absorbiendo la esencia infinita de la palabra cuando sale de los adentros.

Hoy ha sido el agua, -ya me conoces-, otras veces, es la tierra el océano que separa nuestros presentes, desde sus tonalidades cambiantes con el vuelo de cualquier nube que viaje sobre ella; otras serán, como han sido, el tiempo convertido en lejanía, o el silencio engañoso que, a veces -sólo a veces-, juega a serlo también; pero siempre es la misma distancia, la misma que tú y yo diluimos en las entrelíneas de una carta, mientras en otro mundo ajeno a la charla de nuestros corazones, miden el espacio que nos separa.

Ya es de noche y el sueño solicita ser mi compañero por unas horas, pero no quiero terminar de escribirte. Por eso, esta vez, dejaré abierta esta carta, para que la continúes con el silencio hablante de tu respuesta inmediata, porque ya sabemos tú y yo que...

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Rosa

martes, 5 de febrero de 2008

A UN SUEÑO DE HORMIGA-MARÍA ÁNGELES




Mi querido Sueño:

Cada vez que pienso que ya estás casi despierto, que apenas faltan sesenta horas para que cambies de estado, me emociona, se me electrizan los pelos de los brazos, mi corazón se acelera. Es sentirte como un hijo que va a nacer y que dentro de nada cada uno de mis sentidos te van a palpar.
Te he de hacer mis últimas confidencias ahora que aún estás ahí tan dentro de mí gestándote, haciéndote lentamente realidad: ha sido estupendo convivir contigo casi siete años. Sí, ya sé que soy una alocada, que mi imaginación cabalga más deprisa que tú, pero en esta ocasión tú bien sabes que me he comportado en consecuencia a las circunstancias. Es decir, sabía que eras casi imposible, que mis metas eran más humildes pero que, sin embargo, nunca descarte que, quizá, tal vez un día…
Porque, a ver, contéstame, ¿qué sería del hombre sin ti, sin un sueño al que perseguir? No me contestes, te lo digo yo "nada" Cada ser humano está hecho de trocitos de ti, desde que un niño es consciente empieza a soñar en alcanzar algo. Primero a hablar, luego a caminar y ya no te deja hasta que la luz de su vida, de nuestra vida se apaga.
Cuando amanezca el sábado tú habrás dejado de ser sueño para ser realidad. Más tarde, sin duda tejeré otros sueños, seguramente igual de hermosos como hoy eres tú, pero siempre te recordaré, ¿sabes por qué? Porque formarás parte de mí, y gracias a ti he trabajado como una hormiga esperando, esperando cada día un poco más que una partícula tomara forma de cuerpo.
En fin, no hay más. Aquí te dejo mis letras para que nos recordemos algún día de que una vez soñamos juntos en alcanzarnos, en palpar, oler, ver, saborear, escuchar… una tierra llamada Argentina y a una amiga que creció en Internet.
¡Hasta siempre!
MªÁngeles

A MI TIERRA-PILAR

Algo se rompe en mí, y me axfisia esta obligada quietud que desmoronami paciencia. ¡Cuánto hace que no nos vemos! Se me hace extraño eltiempo que paso lejos. Con la entrada del frío y la permanenteestancia de los grises han llegado imágenes cálidas de tu recuerdo, yel deseo inconfundible y denso de volver a verte. ¡Te echo tanto demenos! Me falta mucho cuando no tengo el abrazo estrecho y rendido detus vientos y tu color. Los azules aquí sólo los encuentro en losojos de la gente; y la lluvia, que siento siempre perenne y cerca,estimula esa desazón que da la ausencia.Pero no todo es carencia e inquietudes. El sentimiento de pérdida sereconforta cuando hablo de ti a quienes viven conmigo la realidad delos días. Me gusta contar como eres, descubrir tus contornos, dar aconocer los colores que te haces vestir. Quiero que sepan de tushorizontes y límites cercanos, de tus sabores, y ese carácter alegrey de buena templanza que muchos ya conocen. Hablo de ti y ellos mecomprenden: mi vida se inspira en el Sur, ahí donde se entrelazannuestras raíces. Así he llegado a ser equilibrista en la cuerda queata mis dos latitudes, aprendíendo a enmudecer la nostalgia, aconfiar en lo ausente, y a silenciar alegóricos olvidos y ciertoscomportamientos de esta vida acelerada y distante.Hoy me he levantado con ganas de cerrar los paraguas y buscar laPrimavera, la claridad y el aroma de mi infancia, y el revuelo depalomas en la plaza de nuestros juegos; hoy, cuando todavía elinvierno está a medio hacer y el frío no ha cambiado su gesto, hesentido la necesidad de salir al encuentro de todas estas imágenesque me llaman. Mientras, te escribo apilando en las letras todo eldesorden de mis deseos.
Pilar

A GUILLERMO-MICAELA VARA

Madrid 22 de Enero de 2006
Querido Guillermo:
Hace mucho tiempo que intento escribir esta carta pero lo he ido dejando, no por pereza sino porque no sabía cómo explicarte lo mucho que ha cambiado mi vida desde que nos separamos. Hoy me decido a ello para hacerte partícipe de una feliz noticia. En realidad, los últimos años de nuestro matrimonio hacíamos una vida absurda, sin comunicación, sin amor, sin emoción… Nuestro matrimonio era una pura farsa, algo preparado como un escaparate para saciar el morbo de nuestras amistades; esas amistades que nos rodeaban, siempre dispuestas a meter las narices en lo que no les importaba, y enterarse de lo que solo a nosotros incumbía. Tampoco los ansiados hijos llegaron para paliar la desidia y el aburrimiento que iba minando nuestra vida en común. Pasaban los días, monótonos, iguales, no teníamos nada qué decirnos, nada qué comentar, y no sabes lo mucho que sufría cuando veía pasar las horas sin una palabra tuya, sin una mirada, sin una atención. Notaba un gran vacío en tu corazón, y la reciprocidad se fue apoderando de mí. Éramos dos corazones sin sentimientos, sin latidos, dos corazones muertos. Luego llegó ella, volviste a hablar, volviste a reír, a sentir…, pero yo seguía aún vacía, quizá más vacía si cabe que antes, porque ahora ella se interponía entre los dos alejándote demasiado de mí. ¡Era tan joven y bonita…! Sí, ya sé: se trataba de mi hermana, a la que yo adoraba, a la que protegí toda mi vida y cuidé como a una hija cuando murió nuestra madre. Pero tú eras mi marido y ella sabía lo mucho que te amaba, lo mucho que te necesitaba. Nunca debió meterse entre ambos; solo tenía que mirarte como al marido de su hermana. Fue un juego peligroso en el que os enredasteis obviando mi sufrimiento. Y yo aprendí a mirar para otro lado con la esperanza de que todo fuera una aventura efímera, sin importancia. Después, un día e inesperadamente, os fuisteis. Aquella soledad, sin mi hermana, sin mi marido, me hundió en un negro pozo sin fondo. Mi vida no tenía sentido y hasta pensé en el suicidio. Pero el suicida es un loco o un valiente y yo soy demasiado cobarde y estoy cuerda... Seguí viviendo. Ayer, casualmente, nos encontramos en la calle y la vi tan envejecida que noté una punzada dolorosa en el corazón; después de todo sigue siendo mi hermana, casi mi hija. Iba con el niño, vuestro hijo, una criatura preciosa. Al verme se le saltaron las lágrimas y nos abrazamos. Te repito que sigue siendo mi hermana. ¿Te das cuenta lo que has hecho de nosotras? Dos mujeres amargadas, envejecidas a fuerza de sufrimiento. Pero yo he vuelto a encontrar el amor: es un hombre bueno, pendiente de mi bienestar, el padre de mi hijo. Como te decía al principio, quiero darte una feliz noticia: dentro de poco tendré un hijo. Sí. Mi sueño dorado de ser madre será en breve una realidad. Vuelvo a ver el sol que desde hace mucho tiempo estaba nublado y me sonríe la felicidad. Ya ves, la suerte y el destino de cada cual, pone las cosas en su sitio. Cuando me dejaste no sospechaba que, con el tiempo, volvería a querer y a ser dichosa. Quizá ni tú mismo lo imaginabas. Muchas veces pensé que las amargas lágrimas que derramé con vuestra traición, te dejaban indiferente, no llegando ni tan siquiera a rozar las fibras más superficiales de tu corazón. Os rogué, os pedí casi de rodillas, con los ojos enrojecidos por el llanto, pero estabais sordos y ciegos: solo existía vuestro tumultuoso amor que, como un huracán, lo arrasó todo. Y ahora, que por fin he decidido escribirte, me doy cuenta de que ya no siento odio, ni pena, ni me siento vejada y abandonada. Mañana te llevaré esta carta en persona. Me consuela pensar que alguna vez te habrás arrepentido de lo que hiciste, aunque nunca lo hayas dicho. Para tu tranquilidad confesaré que te he perdonado hace mucho tiempo.Termino la misiva sin despedida, sin besos ni abrazos. Eso lo encuentro incongruente y sería conceder demasiado.
Marta.
Marta cerró cuidadosamente la carta, la metió en un sobre y al día siguiente, muy temprano, se la llevó en persona como le había dicho. La dejó sobre la lápida junto a un ramo de rosas rojas: eran las que le gustaban a él. Le rezó un padrenuestro y se fue: "Ya nunca más volveré aquí".El sol había salido por levante y sus rayos se posaron sobre la tumba como un beso de despedida.

Micaela Vara